
Miro este mundo de hoy en el que vivo y todo es conflicto, guerra, violencia, agresividad, muerte... También veo despuntar gestos de paz como oasis en gentes buenas que llevan su amor donde hay dolor. Pecado y gracia;opresión y libertad;mentira y verdad;desamir y ternura... van tejiendo esa tela fila o tosca de esta humanidad. Y en mí surge en deseo: quiero mirar la vida con ojos nuevos y limpios; tal vez con ojos míos, pero prestados: Quiero mirarla con "ojos femeninos"; y aún mejo: con"ojos maternos". Y digo la verdad:encontré unos ojos únicos, limpios, dulces y misericordiosos. Fue una tarde ante la imagen de nuestra Madre la Virgen de la Esperanza. Son los ojos de esa mujer UNICA que supo mirar los ojos de Dios.
En los ojos de la Virgen encuentro profundidad, hondura, camino abierto hacia lo eterno, lo bello, lo puro. Esos ojos de María son para mí como mar infinito donde levanto mi vuelo en libertad, como cumbre de montaña desde donde domino el horizonte perdido; son para mi como casa entrañable, como manos abiertas, como remanso de paz.
Es así Nuestra Madre de la Esperanza. Sabe mirar a lo hondo del alma y tocarte con su ternura; mirar a lo profundo del corazón y hacerte sonreír; mirar a lo escondido de nuestro ser y hacerte estremecer de gozo y de alegría. Porque la mirada de unos ojos que expresan, irradian vida interior, comunican al mismo Dios. Sus ojos son caminos abiertos al Dios escondido en lo escondido del corazón.
Los ojos de la Virgen dan ESPERANZA, levantan el ánimo del abatido, comunican fe, dan seguridad al que camina por cañadas oscuras, dan amor al que mendiga cariño. Como dice el poeta, "Si ella nos mira, nuestro junco comienza a cantar, la sangre vuela, y a nuestro corazón le nacen alas. Por la ventana de nuestra vida comienza a entrar alma, infinito, Dios..

Queridos hermanos todos: Os invito a acercaros a nuestra Señora la Virgen de la Esperanza, con los ojos del corazón, nuestro pobre corazón de barro, sabiendo que Ella fue "ese remanso de paz" donde Dios entró, y habitó entre nosotros.
Levantemos los ojos, mirémosla frente a frente. Dejemos en nosotros, con corazón de niño, sentir su mirada y hablémosle sin palabras, en silencio y encontraremos en Ella un remanso de paz y desde esa paz vivamos en el Amor compartido de alguien que nos mira con corazón de MADRE
Jose A. Gómez Serrano
Consilario Hermandad Virgen de la Esperanza